Azafrán del Jiloca
La recolección de la flor del azafrán, esa joya dorada de la cocina, comienza a mediados de octubre y es una de las labores agrícolas más intensas y laboriosas. ¡Imagina tener que recoger cada rosa a mano, una por una! Este trabajo se realiza al amanecer, cuando las flores aún están cerradas, facilitando su recolección. En Teruel, el arte de separar los estigmas de la rosa se conoce como “esbrinado”, una técnica artesanal que requiere una delicadeza extrema. Tradicionalmente, toda la familia se une en esta tarea, que se extiende durante tantos días como flores nuevas florecen en el campo. Para obtener un kilo de estigmas frescos, se necesitan alrededor de 80 kg de flores.
Una vez recolectados, el siguiente paso es el secado o tueste del azafrán, un proceso que transforma estas preciosas hebras en un producto aún más valorado. Cuanto más largas y uniformes sean las hebras, mejor será su calidad. Antiguamente, se conservaban envueltas en sábanas blancas dentro de un arcón, como verdaderos tesoros. En la cocina, el azafrán actúa como una especia mágica, aportando un delicado aroma, un sabor exquisito y un vibrante color amarillo que hace que cualquier plato luzca irresistible.
La Comarca del Jiloca ha sido la cuna de este cultivo, formando parte esencial de su historia y su modo de vida. Y lo mejor de todo es que el futuro del azafrán de Teruel se ve prometedor, gracias a las investigaciones científicas que se están llevando a cabo en la provincia para mejorar su cultivo. ¡Un legado que sigue floreciendo!
