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Castillo de Albalate del Arzobispo

En 1149, Ramón Berenguer IV concedió la villa y el castillo de Albalate a la Seo de Zaragoza. A partir de entonces, el castillo no solo cumplió una función militar, sino que también se convirtió en residencia de los arzobispos de Zaragoza, de donde proviene el nombre de Albalate del Arzobispo. 

 De los restos conservados, los más antiguos corresponden a un torreón y un muro de la fortaleza musulmana, aunque la mayor parte de la estructura data de los siglos XIV, XV y XVI. Considerado una de las construcciones más representativas del gótico aragonés, el castillo destaca por su imponente presencia. 

 El patio de armas, con su pozo central, conserva intacto el ambiente medieval. Sus gruesos muros de mampostería, la majestuosa torre del homenaje y los elegantes arcos apuntados reflejan su doble carácter defensivo y residencial. Desde las almenas, se domina una excepcional panorámica del valle del Río Martín y la localidad. En el interior, sobresalen la capilla con bóveda de crucería, las amplias salas abovedadas y las mazmorras subterráneas. 

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